Claudia Sheinbaum: empieza a transformar los resultados en legado
En el futbol mexicano existen dos tipos de probabilidades: las matemáticas, que casi nadie revisa, y las que calcula la afición cuando su equipo tiene un buen arranque de temporada.
La racha reciente de Chivas ha encendido el entusiasmo rojiblanco. Seis victorias consecutivas no son poca cosa en una liga tan irregular como la mexicana, y es normal que la conversación pase rápidamente de “vamos bien” a “seremos campeones”. Sin embargo, cuando se revisa la historia con lentes probabilísticos, aparecen datos interesantes que ayudan a poner el momento en perspectiva.
Durante la época del llamado Campeonísimo, entre finales de los años cincuenta y la década de los sesenta, Chivas ganó ocho campeonatos en aproximadamente trece temporadas, lo que implica que en aquel periodo el club tenía una frecuencia cercana al 60% de campeonatos por temporada. Matemáticamente era una hegemonía extraordinaria: más de la mitad de las temporadas terminaban con el título rojiblanco, algo prácticamente irrepetible en el futbol moderno.
El futbol mexicano pasó de unas Chivas que tenía cerca del 60% de probabilidad anual de ser campeón en los años sesenta, a un entorno de torneos cortos donde su probabilidad histórica ronda apenas el 8%, reflejando un sistema competitivo mucho más incierto y abierto.
Y hay otro dato que ayuda a dimensionar la dificultad real del campeonato: desde la instauración de los torneos cortos, solo en alrededor de una cuarta parte de las temporadas el líder general del campeonato termina siendo también campeón de la liguilla, lo que confirma estadísticamente que el formato reduce la ventaja de la regularidad.
La eliminación directa introduce volatilidad competitiva, disminuye el peso de la constancia deportiva y convierte la fase final en un escenario donde el margen de error prácticamente desaparece.
En este nuevo sistema, Chivas ha conseguido tres campeonatos en alrededor de cuarenta torneos, lo que equivale a una probabilidad histórica cercana al 7-8% de título por torneo.
Y, aun así, hay algo que sí cambia de inmediato cuando Chivas entra en racha: la economía alrededor del equipo. Suben las ventas de camisetas, aumenta la asistencia a los estadios, los restaurantes cercanos registran mayor consumo y la conversación pública gira nuevamente en torno al club. Pocos equipos en México tienen la capacidad de mover el ánimo colectivo —y también el consumo local— como lo hace el Guadalajara cuando atraviesa un buen momento deportivo.
Además, existe un factor que pocas veces se considera cuando un equipo con jugadores mexicanos entra en racha: las convocatorias de la Selección Mexicana, especialmente cuando el calendario comienza a acercarse al periodo previo al Mundial. La salida temporal de jugadores clave reduce la continuidad del plantel y suele afectar el rendimiento justo en el momento en que el equipo parecía más sólido.
La historia del futbol mexicano ha sido insistente en una lección: las rachas ilusionan, pero las convocatorias complican. En nuestro país, la Liga MX el torneo no lo gana quien mejor juega durante el calendario regular, sino quien llega completo y en el mejor momento a la fase definitiva.
Debemos de reconocer que Chivas atraviesa un gran momento, y aunque tenga pocas probabilidades de ser campeón, su afición tiene razones para entusiasmarse. Desafortunadamente, en la Liga MX, las rachas ganan esperanzas no campeonatos.




