
Genio y figura
La legalidad del Tribunal es donde sí gane y donde no, es corrupto y tramposo
En días pasados, el Tribunal Electoral del Estado de Jalisco (TEEJ) emitió varias resoluciones sobre impugnaciones pendientes relacionadas con las elecciones en Guadalajara, Tlaquepaque y el Gobierno del Estado. Lo interesante de estas decisiones es que ponen de manifiesto una contradicción notable: para algunos actores políticos, las resoluciones del TEEJ son válidas y justas solo cuando me conviene.
En Tlaquepaque, el tribunal falló a favor de Morena al desestimar las denuncias de irregularidades presentadas por la candidata de Movimiento Ciudadano, Citlalli Amaya. Según el TEEJ, estas irregularidades no tuvieron un impacto suficiente para alterar el resultado final, lo que permitió que Morena mantuviera el control del municipio alfarero. Sin embargo, la candidata perdedora, Citlalli Amaya, seguirá en la batalla jurídica.
Mientras tanto, en Guadalajara, tras el recuento de votos en más de 60 casillas, la presidenta electa, Verónica Delgadillo, amplió su ventaja de 18 mil a 21 mil votos. Sin embargo, el candidato derrotado, José María Chema Martínez, persiste en su batalla legal, buscando que instancias superiores revisen el proceso.
Por otro lado, el TEEJ también reconoció que Pablo Lemus, aún presidente municipal con licencia, aumentó su ventaja sobre su rival más cercana, Claudia Delgadillo, lo que reafirma su victoria como gobernador electo del estado con más de un 5 por ciento de la votación, lo que, jurídicamente podría dificultar en buena medida, que la elección estatal pueda repetirse.
Lo curioso es que este mismo tribunal desestimó la petición de Movimiento Ciudadano de un nuevo recuento y, al mismo tiempo, otorgó a Roberto Delgadillo, hermano de Claudia Delgadillo, el derecho de ocupar un lugar como regidor en Guadalajara.
El TEEJ ha demostrado imparcialidad en sus decisiones, sin favorecer a un solo partido político. El problema radica en que, cuando Morena no es favorecido, se resiste a aceptar el resultado. En Tlaquepaque y en el caso de Roberto Delgadillo, el tribunal es considerado justo. Sin embargo, en Guadalajara y en la elección estatal, se mantiene la narrativa de un supuesto fraude electoral. Al final, parece que el tribunal electoral es visto como legítimo solo cuando conviene.