Una presidenta científica, una ciencia para México
Los estragos económicos que dejó la caída del Mencho
El pasado 22 de febrero de 2026, México vivió uno de los episodios más trascendentales de su historia reciente: el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y considerado el narcotraficante más buscado y poderoso del mundo. Este suceso, celebrado por muchos como un triunfo de las fuerzas de seguridad, ha desatado igualmente una ola de violencia, cuyo impacto no se mide solo en vidas humanas sino también en cifras económicas que reflejan el costo de años de criminalidad y la fragilidad de nuestra economía ante la inseguridad.
La respuesta violenta del crimen organizado fue inmediata. En al menos 24 estados se registraron bloqueos, incendios de vehículos, cierre de carreteras y alteraciones en el transporte que paralizaron actividades productivas, afectando a miles de negocios y familias. Según estimaciones preliminares de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur), estas acciones provocaron pérdidas económicas de entre 1,500 y 2,000 millones de pesos, aproximadamente 87 a 116 millones de dólares, solo por los efectos inmediatos de la violencia.
Este impacto va más allá del daño material visible. Negocios familiares se vieron obligados a suspender actividades, cerrar de forma preventiva o interrumpir cadenas de suministro, lo que afecta directamente los ingresos diarios de quienes dependen del comercio y los servicios. Las cancelaciones de reservas, la inseguridad para el transporte de mercancías y el aumento de costos logísticos son solo algunos de los efectos que se traducen en pérdidas económicas reales y difíciles de recuperar.
Además, la violencia tiene efectos colaterales en los mercados financieros. En los días posteriores al abatimiento, el peso mexicano mostró signos de debilitamiento frente a sus principales contrapartes regionales, reflejo de la aversión al riesgo generada por la incertidumbre y la percepción de inestabilidad. Este tipo de movimientos, aunque temporales, reflejan la sensibilidad de los mercados ante eventos de inseguridad nacional.
Para dimensionar el problema estructural más allá del episodio reciente, el Mexico Peace Index 2025 estimó que en 2024 el impacto económico total de la violencia en México ascendió a 4.5 billones de pesos, equivalentes a alrededor del 18 % del Producto Interno Bruto (PIB). Esto incluye costos directos e indirectos como homicidios, delitos violentos, gasto en seguridad y justicia, y cambios de comportamiento económico por miedo e inseguridad.
Estos datos no son solo cifras: representan hogares que no pueden generar ingresos, pequeñas empresas que luchan por sobrevivir y un desarrollo económico fragilizado por años de confrontación con el crimen organizado. La violencia no solo destruye bienes; destruye confianza, oportunidades y el tejido social que permite que una economía prospere. Esta es la herencia económica de décadas de narcoviolencia que hoy, con la caída de uno de sus líderes más icónicos, sigue dejando huellas profundas.
Sin embargo, no todo está perdido. Las acciones del Estado para enfrentar a las organizaciones criminales han sido persistentes, y la cooperación internacional ha elevado la presión sobre las estructuras financieras y operativas del crimen. A pesar de los costos inmediatos y estructurales, cada paso para restablecer la seguridad fortalece las bases sobre las cuales puede reconstruirse la economía. La estabilidad y la justicia no se logran de la noche a la mañana, pero cada avance cuenta.
Hoy, más que nunca, México necesita de la unión de su sociedad, de la visión empresarial para reinvertir en sus comunidades y de políticas públicas que prioricen tanto la seguridad como el desarrollo económico. Es momento de apostar por nuestra resiliencia, de transformar adversidades en motor de crecimiento y de construir un futuro donde la prosperidad supere la sombra de la violencia. A todas y todos los mexicanos: sigamos adelante, con coraje y esperanza, porque de nuestra determinación depende el México que vendrá.




