Tortas para los tragones
Cuando disentir te obliga a huir: el caso Edson Andrade
Lo que está pasando con Edson Andrade es una señal muy preocupante. La persecución política desde Morena —encabezada por su dirigente nacional, Luisa María Alcalde, y respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum— llegó tan lejos que este joven tuvo que dejar su casa… y hasta salir del país para cuidar su seguridad. Eso no debería pasarle a nadie por pensar distinto.
Primero lo exhibieron en la mañanera. Luego, tras la marcha, filtraron todos sus datos personales, su dirección y hasta construyeron una narrativa en la que tenía “millones” en el banco para hacerlo ver como alguien con malas intenciones. Con eso no solo lo pusieron en la mira del gobierno, también en la del crimen organizado. Y en México, ser un blanco así es jugarse la vida.
Hay dos cosas que revelan lo grave del asunto. Antes, cualquier persona podía consultar contratos públicos como los que mostraron de Edson. Bastaba hacer una solicitud al INAI. Pero como el gobierno desapareció ese instituto, ahora todo se obtiene por filtraciones. No es transparencia; es abuso.
Lo segundo es que, para este gobierno, parecería que ser emprendedor es casi un delito. A Edson lo atacaron simplemente por trabajar en producción audiovisual y redes sociales. Como si ganarse la vida por su cuenta fuera sinónimo de ser “fifi” o “corrupto”. Ser empresario joven se volvió sospechoso solo porque no coincide con la narrativa oficial.
Lo más peligroso es ver cómo toda la fuerza del Estado se usa para atacar a alguien que solo expresó su desacuerdo con el gobierno federal. No cometió un crimen. No desvió dinero. No engañó a nadie. Solo opinó. Y por eso hoy vive escondido.
Es irónico. Antes, la izquierda se manifestaba por cualquier causa y nadie les quitaba legitimidad. Era su derecho. Hoy que están en el poder, parece que olvidaron esa lucha y prefieren callar o atacar a quienes alzan la voz.
La gente no está marchando por capricho. Está marchando porque tiene miedo, porque hay violencia, porque hay injusticia. Pero en vez de escuchar, el gobierno prefiere inventar historias para desacreditar a quienes protestan.
El caso de Edson no es solo sobre él. Es un aviso de lo que puede pasarle a cualquiera que piense distinto. Y cuando un país llega al punto en el que un joven tiene que huir por expresar su opinión, entonces el problema ya no es la crítica… es el poder.




