
Visión financiera
Una elección de estructuras
El próximo 1 de junio, México vivirá una de las elecciones más grandes de su historia, pero más allá del número de cargos en juego, lo que definirá los resultados será la capacidad de operación de las estructuras políticas. No será una contienda de simpatías o propuestas, sino de maquinaria electoral. Quienes logren movilizar mejor sus bases y operar con mayor eficiencia en los territorios, serán los verdaderos ganadores.
Los sindicatos, las agrupaciones gremiales y las estructuras corporativas jugarán un papel determinante. Los partidos políticos conocen bien esta lógica y, aunque de manera discreta, echarán mano de sus redes de influencia para asegurar votos. No se trata solo de convencer ciudadanos, sino de garantizar que sectores completos acudan a las urnas con una línea clara de votación.
Los gobiernos estatales y municipales no serán espectadores. A través de sus funcionarios de confianza, muchos operarán para favorecer a sus candidatos. Los servidores públicos con acceso a programas sociales o con control territorial en colonias y comunidades tendrán una función clave. La neutralidad institucional será un ideal lejano en muchos casos.
Incluso algunas instituciones religiosas podrían jugar un rol en este proceso. La historia demuestra que ciertos sectores del clero han influido en las decisiones políticas de sus feligreses, aunque legalmente no puedan participar. La frontera entre la fe y la política se vuelve difusa cuando hay intereses en juego, sobre todo cuando se trata de definir quiénes ocuparán los espacios clave del Poder Judicial.
Porque más allá de los cargos ejecutivos o legislativos, lo que está en disputa es la influencia sobre el Poder Judicial. Cada grupo de poder buscará colocar jueces, magistrados y ministros que les sean favorables. Esta elección no solo definirá quién gobernará los próximos años, sino quién tendrá la capacidad de moldear la justicia en el país.
En este sentido, la ciudadanía deberá decidir si deja en manos de estas estructuras el rumbo de la nación o si logra imponerse en las urnas. La democracia no siempre es un juego limpio, y en esta elección, el que mejor opere será el que termine ganando.