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GUADALAJARA, Jal., 23 de diciembre de 2025.- Todos tenemos en nuestra vida un momento en el que debemos sacar nuestra valentía para resolver problemas. Justo esto es lo que Luis Gerardo Méndez y Guillermo Villegas deberán mostrar a través de sus personajes en La hora de los valientes que llegó a Netflix el pasado 19 de diciembre.
Los actores junto con el director Ariel Winograd, ofrecieron una charla en la que participó Quadratín Jalisco, para hablar sobre esta historia que tiene comedia, acción y drama.
Luis Gerardo interpreta a un psicólogo llamado Mariano Silverstein, quien debe darle terapia al inspector Díaz, interpretado por Memo, una trama que los va no solo uniendo, sino redescubriendo como personas.
Luis Gerardo revela de qué manera se identificó con su personaje.
“Bueno, a mí creo que el doctor Silverstein me atravesó por dos lugares muy particulares. El primero es como la crisis de la mediana edad en la que estamos los dos. Cuando ya estás en los 40 y empiezas a darte cuenta que ya vas como a la mitad de tu vida y empiezas a preguntarte qué más hay, ¿no? Qué otras posibilidades hay”.
“Y es un poco lo que le pasa a este personaje, sin hacer muchos spoilers, pero empieza a cuestionarse todo. Empieza a cuestionarse su pareja, su profesión, su manera de relacionarse con el mundo, las posibilidades que tiene enfrente. Y por otro lado, lo que significa ser valiente, la valentía”.
“Entendemos a veces la valentía como el agarrarte a golpes con alguien o el resistir golpes de alguien. Y para mí la valentía tiene que ver hoy más que nunca con la acción. Creo que nos hemos vuelto muy pasivos como sociedad en muchos aspectos”.
“Y creo que la valentía tiene que ver con eso, con tomar acción, con tener las conversaciones difíciles, con cuestionar lo que no hace sentido, con alzar la voz por lo que no está bien, ir a esa marcha, mandar ese email, tener esa conversación. Así es como entiendo yo la valentía, como moverse. Y es lo que le pasa un poco a este psicólogo a lo largo de la película”.

“Habría que construir muy bien sus miedos para que puedas irlo viendo vencer esos miedos y hacer estas proezas increíbles por amor, por amor a su nuevo amigo y por tratar de hacer lo correcto”.
Para Memo, la historia los une a partir de que viven una misma experiencia, porque en un inicio estaba renuente a tomar terapia, pero era la condición para poder trabajar en un caso.
“Sí, pues siento que a Díaz le sucede... Justo primero está muy cerrado a eso, a tomar terapia, a ser ayudado. Y en el camino se da cuenta de... Porque aparte es testigo real de la confesión de la infidelidad de (suspenso)”, revela Memo.
“Sí, es que está negado a tomar terapia, para mí está tan quebrado que es como que no sabe qué”, agrega Ariel.
Retoma Memo: “Porque él cuando está en la primera terapia en el auto, le cuesta trabajo. Incluso dice: ‘yo estoy bien, comandante’, pero sí, participa un poco porque no ha quedado. No le queda otra. En ese sentido me identifiqué un poco al principio de cuando cuesta trabajo contar tus emociones”.
A propósito del título de la cinta, Luis Gerardo, Memo y Ariel confiesan para que se consideran valientes.
“Me considero valiente para hacer las cosas a pesar del miedo”, dijo Memo.
“Para matar cucarachas. Para matar cucarachas a mis amigos y a mis amigas les dan terror y yo siempre salgo adelante. No me siento orgulloso, no me gusta lastimar seres vivos, pero cuando hay que ejecutar una cucaracha voy”, cuenta Luis Gerardo.
“Yo para cambiar lamparitas”, revela Ariel, pero ante la duda, lo cuestionan los actores.
“¿Cómo? ¿Cómo lamparitas? Lamparitas. ¿Focos? ¿Hay gente a la que le da miedo cambiar la lamparita?”.
“No, pero es una escalera, tenés que agarrar y sacar”, expresa Ariel.
“Y ahí está el peligro de que te caigas y te mates”, le agrega Luis.
Pero ahonda Ariel. “Bueno, estás con la escalera, con el destornillador. Con bombilla, dicen”.
“Oye, bueno, eres un verdadero héroe de acción”, le externa Luis ante la risa de todos.
“Bueno, mire. Cambiar un foco. Sí, pero un foco no acá, a tres metros”, reitera el director.
Pero la respuesta de Memo no dejó muy convencido a Luis Gerardo.
“Perdón, yo solamente quiero decir que Memo no dijo nada. ¿Para qué eres valiente? No, eso es una mamada. Di algo específico”.

“Soy valiente para aguantar el agua helad de la regadera”, ahonda Villegas.
En busca de resolver el caso, Díaz y su psicólogo Silverstein se van a Tepito, escenas que sí fueron grabadas en uno de los sitios considerados como más inseguros de la Ciudad de México.
“Primero fuimos de scouting y dejamos como planeado un circuito. Y después fuimos a filmar ahí un rodaje. Creo que fuimos un día que no había tanta actividad, y fue muy agradable. Fue muy real también. Fuimos ahí porque también estábamos buscando esta realidad de que el personaje de Memo era una persona que conocía varios barrios de la Ciudad de México como si fuera la palma de su mano y que él tenía como muy claro el tema de la calle”.
“Y nos parecía lindo que se vea a él cómo llega en ese lugar hasta que llegan al centro de box, digamos. No hubo ningún problema, todo relax. No, fue muy bonito”.
“Wino tuvo la brillante idea de incorporar a algunos en las escenas. Entonces de pronto ves a gente real ahí cruzando en esas secuencias”, agrega Luis Gerardo.
Para finalizar, los tres confiesan qué reflexión les deja La hora de los valientes.
“A mí la reflexión que me deja la película y me gusta mucho ese sabor de boca el final, otra vez sin hacer spoilers, pero como las posibilidades, todo lo que podemos ser, como muchas veces los límites nos los ponemos nosotros y nos compramos estas etiquetas o estas ideas preconcebidas de yo soy esto, yo soy actor y productor y eso es lo único que soy y de pronto dices, no, también puedes ser granjero si quieres, también puedes ser doctor si te quieres meter a estudiar medicina, nunca es tarde, si quieres vender todo lo que tienes e irte a ser parte de una ONG; como estas posibilidades que de pronto se abren después de una experiencia tan transformadora como la que les pasa a estos personajes”.
“E me tocó mucho, me movió, me tardé un par de meses en ajustar como la brújula, decir: ‘ah, claro, creo que estaría bueno tomar una clase de tal’”, relata Luis Gerardo.
“Me quedo con la sensación de que como hombres podamos seguir expresando nuestros sentimientos, poniéndonos en situaciones vulnerables, en aceptar lo que nos duele, en llorar más, en admirar y decírselo a otro hombre, en querer a otro hombre y poder expresarle cariño, ser más sutiles y más amorosos entre nosotros también”, comenta Memo.
Y para cerrar, Ariel responde: “ser más empáticos también, ¿no? Y también animarse”.





