Celebra Demetrio Bilbatúa el Ariel de Oro: dediqué mi vida a esto
GUADALAJARA, Jal., 3 de septiembre de 2026.– Con esa magia desbordante que la caracteriza y una producción que atrapa los sentidos desde el primer instante, la prestigiada compañía canadiense Cirque du Soleil comenzó oficialmente su viaje por tierras mexicanas con el majestuoso estreno de su espectáculo Echo.
Querétaro fue elegida como la primera e histórica escala del país, transformando el infield de su Autódromo en una monumental carpa donde el asombro cobra vida.
Quadratín Jalisco pudo adentrarse en las entrañas de este universo itinerante para descubrir la titánica labor logística que se realiza antes y durante su temporada.
Ahí, Kevin Albert, publicista senior del Cirque du Soleil, platicó sobre la impresionante experiencia técnica, humana y artística que se requiere para levantar el telón en cada show.
Mover la maquinaria de Echo por el mundo es un auténtico desafío sobre ruedas que requiere una precisión casi matemática. Para trasladar todo el montaje se necesitan 72 tráileres que recorren las carreteras transportando toneladas de infraestructura técnica. Al llegar a su destino, un equipo compuesto por 150 personas de staff fijo—donde conviven de manera permanente 33 nacionalidades distintas—se encarga de levantar la icónica carpa desde cero en un proceso que se extiende por siete días.
Además, la producción impulsa la economía de cada ciudad que visita, contratando a entre 100 y 150 trabajadores locales para apoyar en diversas áreas operativas y de montaje. Cuando las luces se encienden, el esfuerzo se materializa en una sincronía perfecta donde 19 artistas se adueñan del escenario de forma simultánea.
Detrás de las luces, el área de vestuario funciona como un taller de alta costura itinerante. Todas las prendas se confeccionan originalmente en Montreal, donde trabajan más de 3 mil personas en el diseño previo al arranque de la gira.
El concepto visual, a cargo de un diseñador francés que ya suma dos producciones con la compañía, es sumamente minucioso: toda la tela se adquiere completamente en blanco y luego se pinta a mano para lograr la tonalidad exacta. Las prendas lucen un aspecto arrugado con la intención de representar fielmente la textura del papel dentro de la historia.
En total, viajan con un millar de piezas de vestuario, ya que cada uno de los 53 artistas del elenco cuenta con tres mudas idénticas; una previsión indispensable para los días sábados, cuando el ritmo se intensifica y ofrecen tres funciones continuas.
Para el mantenimiento de este arsenal textil, el equipo viaja con seis técnicos de planta y sumó a dos especialistas locales en Querétaro, quienes cuidan detalles de cada pieza como las delicadas pelucas que son elaboradas a mano cabello por cabello.
La mística del espectáculo se consolida en los rostros y los movimientos de los intérpretes a lo largo de los 16 actos que componen la función. Para que cada traje calce a la perfección, se toman 167 medidas exactas por artista, e incluso las máscaras se moldean con base en las facciones específicas de cada rostro. La caracterización es un ritual solitario, pues cada artista realiza su propio maquillaje en un proceso que puede durar varias horas, siendo el místico personaje de Future el que requiere el mayor tiempo de preparación tras bambalinas.
Finalmente, la poesía visual de Echo se apoya en una colosal ingeniería técnica. El escenario cobra un aire mitológico gracias a una gran marioneta que requiere la fuerza y coordinación de siete personas para cobrar vida en la pista.
Al mismo tiempo, los trajes de los personajes principales ocultan sensores interactivos que permiten a las computadoras rastrear sus movimientos en tiempo real, asegurando que los reflectores los iluminen de forma automatizada sin importar hacia dónde se desplacen. Sin embargo, la joya de la corona tecnológica es su imponente cubo central: una estructura de 28 toneladas de peso que demanda el uso exclusivo de cuatro tráileres para su traslado. Este monolito cuenta con rieles internos para desplazarse y un eje central para rotar sobre sí mismo, mientras que sus esquinas integran sensores infrarrojos diseñados para seguir su trayectoria exacta. Así, el sistema proyecta imágenes sobre sus caras con precisión milimétrica, evitando cualquier desfase visual y demostrando que, detrás de la belleza del arte circense, opera una impecable e invisible maquinaria de nivel internacional.




