GUADALAJARA, Jal.-18 de julio de 2019.-La recomendación para este fin de semana incluye arquitectura, historia, paisajes hermosos y hasta fenómenos paranormales. Se trata de la antigua Fábrica Textil de Bellavista, hermoso edificio de estilo neoclásico, ubicado a sólo cinco kilómetros de Tepic; guarda un tesoro de historia y de leyendas para el visitante, de las que hablaremos en otras entregas.

La fábrica textil de Bellavista es réplica de una fábrica que se montó en Gante, Bélgica. Fue establecida en 1841 por el español, José María Castaños y Llano, gran amigo de Benito Juárez y representante destacado de la masonería. Bellavista dio empleo en esos años a más de 300 personas. Se situó en el poblado que ahora lleva su nombre, para aprovechar la energía hidroeléctrica, del Río Mololoa, que cruza exactamente por en medio de la fábrica. Producía telas de manta, gasa, cabeza de indio y prendas de algodón. Se hicieron aquí millones de costales para empacar el azúcar. Y por supuesto prendas de vestir.

La fábrica era el centro motriz de la comunidad y funcionaba como una Hacienda de aquellos tiempos. La tienda de raya suministraba casi todos los satisfactores materiales, pero endeudaba sistemáticamente a los trabajadores, al grado de mantenerlos siempre ligados a los intereses del patrón. Antonio Medina Casas, con más de 70 años a cuestas y ex-trabajador de Bellavista, lo mismo que sus padres, nos cuenta que antes, los obreros vivían para laborar, trabajaban desde la madrugada hasta muchas horas después de la puesta del sol y sus condiciones eran precarias. Esta situación social provocó el descontento. Por ello, Bellavista pasó a la historia como el lugar en donde sucedió, en 1905, la primera huelga en la historia de México, antes que las célebres huelgas de Cananea o de Río Blanco.

La fábrica de Bellavista cuenta su propia historia a través de pasillos, patios y arcadas. Los visitantes podemos admirar los restos de la maquinaria que aún perduran: la fábrica tuvo su propia planta hidroeléctrica con enormes y pesadas bombas de agua, que transformaban la energía del río en fuerza motriz, a través de la acción de turbinas y bandas; permanecen allí calderas y enormes engranes que producían la electricidad para mover las máquinas. Hay incluso una red de vías que corre dentro de la fábrica por patios y pasillos. Los rollos de hilo eran llevados por un trabajador al que llamaban el rollero, quien los llevaba hasta los telares, en donde se tejía la manta. En esos tiempos todo se hacía dentro de la misma fábrica, tanto los objetos que se necesitaban como las refacciones de algunas máquinas.

El edificio fue testigo de gran cantidad de historias. Los visitantes podemos ver en su interior, la entrada a un túnel, construido dentro de las paredes de la fábrica para ocultar a las mujeres durante los ataques, frecuentes en esos tiempos, de bandidos y gavilleros. También se aprecian las troneras desde donde los defensores disparaban en contra de los agresores.

Pero si Bellavista vivió momentos de tensión, también los tuvo de solaz. Los mayores cuentan que hace muchos años, casi frente a la fábrica había una caída de agua espectacular, que hoy por desgracia se ha perdido. Don Antonio y su esposa, Doña Julia Gutiérrez, refieren también como, en diciembre, el pueblo vivía prácticamente de fiesta, porque todos eran como una sola familia, al amparo de la fábrica. Las casas del pueblo, casi todas construidas por los hacendados, lo atestiguan.

Hoy el edificio de fachada emblemática, con su gran reloj al frente, que por cierto sigue dando la hora, es escenario especial para tomar fotografías de grandes eventos. El edificio lo cuida el INAH, alberga el Archivo del Estado de Nayarit y lo administra el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes del Gobierno de esta entidad.

Y como anticipamos, alberga en su interior historias de fantasmas y fenómenos paranormales, pero de eso ya comentaremos en otras entregas. Por ahora vale la pena recordar el lema que da identidad a este orgulloso estado y a su capital: ”Que lindo es Tepic y todo Nayarit”…