GUADALAJARA, Jal., 23 de julio de 2021.- Naomi Osaka ha sido la elegida para protagonizar el momento más emotivo de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. La tenista de 23 años de edad recibió el fuego como último relevo de un viaje de 121 días que recorrió más de 2,000 kilómetros hasta llegar a la capital japonesa y encendió el Pebetero que arde para dar esperanza al mundo entero.

La mayor fiesta deportiva del planeta está en marcha. Y aunque oficialmente se había declarado inaugurada la trigésimo segunda edición de los Juegos Olímpicos minutos antes, era en realidad el encendido del pebetero lo que el mundo esperaba para dar rienda suelta a lo que esta justa representa: la ilusión de un mañana mejor en el que la normalidad que conocimos hasta antes de la pandemia pueda algún día regresar.

El fuego que se encendió el pasado 12 de marzo en el Templo de Hera, en Olimpia, Grecia, entró al Estadio Olímpico de Tokio. Sin público en las tribunas por culpa de la pandemia de Covid 19 y con solamente algunos atletas sobre el campo, luego del desfile de las naciones, los últimos relevos llevaron la antorcha en la parte final de su largo recorrido.

Junto a la estructura que simulaba el Monte Fuji, la tenista Naomi Osaka apareció como el último de los relevos para recibir el fuego que nació en Olimpia. El monte se abrió frente a ella para revelar una escalera. En la cima, una esfera fungía como sol, pero comenzó a girar y terminó abriéndose para revelar el pebetero que contenía dentro.

Osaka subió la escalera. Presentó el fuego. Acercó la antorcha y el Pebetero se encendió. La flama que transmite esperanza al mundo arde ya en Tokio. Y así permanecerá hasta el día de la clausura, el próximo 8 de agosto. La ceremonia que hizo un llamado a la unión del planeta en tiempos difíciles concluyó así con la tenista ganadora de cuatro torneos de Grand Slam como protagonista.