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GUADALAJARA, Jal., 19 de enero de 2025.- Porque un patrimonio inmueble es una estructura viva que condensa historia, técnica, identidad y ciudad, la Secretaría de Cultura de Jalisco, a través de la Dirección de Patrimonio Cultural, tiene bajo su salvaguardia directa mil 527 inmuebles catalogados como de valor artístico relevante.
Se trata de edificaciones que, sin contar con una declaratoria federal de monumento, poseen cualidades arquitectónicas, urbanas o históricas que las vuelven representativas de una época, de un estilo o de un autor, principalmente del siglo XX.
A esta cifra se suman 21 mil 503 inmuebles de valor ambiental, que conforman el contexto urbano donde se insertan los bienes de mayor jerarquía patrimonial.
Guadalajara concentra la mayor densidad de este acervo: mil 56 inmuebles relevantes se distribuyen en colonias como Americana, Lafayette, Moderna, Francesa, Vallarta Poniente y Chapalita, así como en corredores históricos donde puede leerse, casi de forma continua, la evolución arquitectónica de la ciudad.
A estas se suman fincas de valor relevante fuera de los polígonos de protección. Chalets eclécticos, arquitectura art déco, funcionalismo y obra moderna dialogan en un paisaje que explica buena parte del siglo XX jalisciense.
La protección del patrimonio edificado en México se rige por una clasificación precisa establecida en la ley.
Los monumentos históricos por determinación de ley —inmuebles anteriores a 1900, mayoritariamente de carácter religioso, civil público o militar— son competencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
En Jalisco se tienen identificados 129 monumentos históricos de este tipo, además de más de 2 mil monumentos civiles históricos relevantes (casonas) sujetos a supervisión federal.
Por su parte, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) tutela los monumentos artísticos: edificaciones posteriores a 1900 con declaratoria presidencial por su valor excepcional a nivel nacional.
En todo el estado sólo existen tres con esta categoría: la Casa Iteso Clavigero, obra de Luis Barragán; la sede del Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco, conocida como Casa Cristo; y el Mercado Libertad, San Juan de Dios, ícono urbano y social de Guadalajara.
Entre ambas competencias se sitúa la labor de la Secretaría de Cultura estatal, responsable de los inmuebles de valor artístico relevante y ambiental.
Estos últimos bienes no son menores: su valor radica en su conjunto, en la técnica constructiva, la composición, los materiales o su capacidad para representar un momento histórico del desarrollo urbano.
En conjunto, constituyen la trama que da identidad a barrios enteros y explica la transformación de la ciudad más allá de los grandes monumentos.
Estos inmuebles se localizan dentro de las zonas de protección, divididos en el Centro Histórico de Guadalajara y el denominado polígono B: Zona de Monumentos Artísticos. El primero concentra principalmente monumentos históricos; el segundo, una amplia producción arquitectónica del siglo 20.
Esta zonificación no busca inmovilizar la ciudad, sino establecer criterios claros para poder intervenirla sin borrar sus huellas.
La salvaguardia del patrimonio no implica impedir el cambio. Por el contrario, parte del reconocimiento de que los edificios deben adaptarse a nuevos usos para sobrevivir.
La Secretaría de Cultura evalúa y autoriza las intervenciones con base en la categoría del inmueble, estado de conservación, alteraciones, entre otras. Entre mayor es el valor patrimonial, más cuidadoso debe ser el nivel de intervención.
Para la ciudadanía propietaria de una finca ubicada en un polígono de protección o catalogada como relevante, el procedimiento es claro: cualquier modificación debe solicitarse ante la Dirección de Patrimonio Cultural.
Se requiere acreditar la propiedad y presentar un proyecto que explique el tipo de intervención.
Existen acciones consideradas de mantenimiento —pintura, aplanados, carpintería, herrería o impermeabilización— que no alteran la estructura, pero que aun así deben realizarse con criterios técnicos adecuados.
Cuando se trata de intervenciones mayores, se exige un proyecto de restauración o adaptación elaborado por especialistas, con el objetivo de conservar o recuperar los elementos esenciales del inmueble.
En casos donde parte de sus características originales se han perdido, la normativa permite incorporar un lenguaje arquitectónico contemporáneo claramente identificable, que dialogue con el edificio sin falsear su historia.
La premisa es preservar el valor cultural sin convertir el patrimonio en una pieza de museo.




