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CIUDAD DE MÉXICO, 4 de abril de 2026.- En el día más austero del año litúrgico, cuando Cristo yace en el sepulcro y la liturgia permanece en silencio, una tradición de origen bizantino encomienda a la Virgen María la custodia de la espera Al final de la Semana Santa, hay un día sin celebración.
El Sábado Santo no tiene Eucaristía ni anticipa la Pascua: la liturgia se detiene en el sepulcro. Cristo está muerto, sepultado, encerrado en la tumba.
Todo está en silencio, todo está quieto. No es una pausa simbólica. Es real. El tiempo queda suspendido, aún sin consumar. Así lo refiere una publicación de Vatican News este Sábado Santo.




