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GUADALAJARA, Jal., 25 de septiembre de 2026.- La música mexicana demostró una vez más que no conoce fronteras ni necesita pasaportes para conectar almas. En un emotivo recorrido por los escenarios más icónicos de la capital española, el Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán logró acortar la distancia de miles de kilómetros transformando plazas históricas en un auténtico trocito de México, según relata la a través de sus redes sociales Claudia Suares.
El ensamble de mujeres sorprendió a locales y turistas al presentarse en la Plaza Mayor de Madrid. Ataviadas con sus tradicionales trajes de charro y sombreros, y armadas con trompetas, violines y guitarras, las músicas provocaron un reencuentro inmediato con las raíces de los mexicanos ausentes. Las notas de clásicos como El Son de la Negra, Cielito Lindo y El Rey despertaron la melancolía y el orgullo, conectando de inmediato con la memoria colectiva de quienes han tenido que migrar.
La vibrante presentación no solo conmovió a los connacionales; españoles y visitantes de diversas nacionalidades se detuvieron a cantar y tararear, demostrando que la música tradicional mexicana cruza idiomas y procedencias con absoluta facilidad.
El fenómeno cultural continuó expandiéndose por la Puerta del Sol, contagiando de alegría el centro madrileño.

El punto culminante de este viaje musical ocurrió días después, cuando el Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán compartió escenario con el célebre tenor mexicano Plácido Domingo. Este encuentro tuvo lugar en el marco del espectáculo Zarzuela de ida y vuelta, parte del Festival Original Xeres.
Juntos regalaron una interpretación memorable de Ella, la obra cumbre de José Alfredo Jiménez. El evento se transformó en una celebración colectiva sin precedentes donde las tradiciones se fusionaron: el público coreó a todo pulmón mientras las palmas flamencas acompañaban el repertorio mexicano.
Claudia Suares concluye con una certeza compartida por la comunidad migrante: escuchar al mariachi en el extranjero es mucho más que disfrutar de una melodía; es reconocer el origen y comprobar que, cuando esas canciones suenan al otro lado del Atlántico, México se siente un poco más cerca.




